Entre la docencia y mi profesión.
Lo primero que quiero comentar es que nunca me imaginé impartiendo clases. La ilusión que uno tiene cuando termina su licenciatura de ingeniería es entrar a trabajar a una industria donde pueda uno aplicar lo que aprendió en la escuela e ir adquiriendo experiencia y con el tiempo ir escalando puestos para tener cada vez mejores ingresos. Y cuando logra uno entrar a la industria, nos enfrentamos a un mundo totalmente diferente al que vivimos cuando estudiantes; pero nos gusta porque representa un verdadero reto -sobre todo para nosotras las mujeres-, enfrentarnos al manejo de personas, personas que generalmente son hombres a los que, generalmente hablando, no les parece que una mujer los “mande”; eso por un lado, y por el otro, lograr que nuestros jefes reconozcan el trabajo que realizamos y nos consideren para ascender en la organización y poder ocupar un puesto de mayor jerarquía, ¡cómo, si es una mujer!. Cabe mencionar que eso era muy común en mis tiempos, ahora las cosas son diferentes, pues ya es más común ver mujeres trabajando en todos ámbitos y ocupando puestos importantes.
Un buen día, me encontré en un centro comercial a una excompañera de trabajo, con quien conviví muy cercanamente durante algún tiempo, pero que nos habíamos dejado de frecuentar por diversos motivos, pues yo continué trabajando en la industria privada y ella entró a dar clases en el CBTis No. 118, donde ahora me encuentro. Así, platicando con ella le comente que me encontraba desempleada y fue entonces que –siendo ella jefa del depto. de servicios docentes- me propuso entrar a dar clases de química, ya que justo estaba buscando a alguien que pudiera cubrir esa asignatura por encontrarse incapacitada la maestra que la impartía. Como no tenía trabajo en ese memento, acepte.
Debo reconocer que al principio me resultó difícil encontrar la mera de exponer mis clases y de controlar al grupo, pues no es lo mismo tratar con obreros o empleados bajo mi cargo, que a estudiantes de este nivel de estudios, tan inquietos y que al darse cuenta que era yo nueva en estas andanzas de la docencia, querían pasarse de listos, en especial uno de los tres que me asignaron, que eran de la especialidad de mecánica; los más aguerridos por tradición de entre las seis especialidades que se ofertan en el plantel.
Resultó ser una experiencia tan diferente y hasta cierto punto difícil, porque sin conocer a nadie,- más que a mi amiga que siempre se encontraba muy ocupada y casi no veía-, sentí como si me hubieran mandado al matadero para ver si la libraba, pues sólo me habían proporcionado mi horario y el programa de las materias de química I y III.
Poco a poco me fui incorporando al grupo de maestras de la academia de química, quienes me proporcionaron orientación sobre bibliografía en la que me podía apoyar para abordar los contenidos temáticos de estas asignaturas.
Los primeros años de mi práctica docente fui un poco exigente con mis alumnos a quien traía a un ritmo algo acelerado, debido a que los programas eran muy extensos y me gustaba verlos a fondo y cubrirlos al 100%. Pero tengo la certeza de que la mayoría de esos chicos salieron del CBTis muy bien preparados en química, listos para ingresar a las instituciones de nivel superior elegidas sin la mayor dificultad; proporcionándome esto una gran satisfacción y orgullo.
Cabe mencionar que a ese primer grupo de mecánica que atendí en primer semestre, posteriormente le impartí la materia de física III en quinto semestre, y muchos de ellos al finalizar de curso se me acercaron y me dijeron que había sido yo su mejor maestra de física, siendo que les habían dado Física I y II dos de los mejores y más experimentados maestros del plantel en esta asignatura, lo cual fue extremadamente satisfactorio y significativo para mi, motivándome a continuar realizando mi labor docente cada día mejor. Es por ello que, conciente de la falta de formación didáctico-pedagógica requerida para desarrollar verdaderamente el trabajo docente, tome la decisión de realizar la maestría en enseñanza de las ciencias que en ese entonces se ofreció para los docentes de la DGETI en el CIIDET, buscando adquirir más conocimientos y herramientas para atender mejor a mis grupos y lograr mejores resultados académicos.
Aún así, se que me falta mucho por aprender y mejorar en mi práctica docente, sobre todo en lo que se refiere a la estructuración de los conocimientos para facilitar actividades de aprendizaje significativo, que los ubiquen en contextos disciplinares, curriculares y sociales diversos de manera efectiva, creativa e innovadora. Y esto es precisamente lo que espero me proporcione este curso de especialización en Competencias docentes para la Educación Media Superior.
Trato de ser muy profesional en mi trabajo y de establecer con los alumnos un ambiente de respeto. Mi mayor satisfacción es que los alumnos aprendan; y me causa mucha tristeza ver la gran apatía que muestran ahora los chicos hacia su preparación académica, pareciera que no les interesa. Pero mucho depende de nosotros como docentes, producir ése cambio de actitud en ellos, que los lleve a tener éxito en lo que emprendan más adelante en sus vidas.
Debemos tomar conciencia que necesitamos cambiar la manera de realizar nuestra práctica docente, porque éstos chicos de ahora no presentan las mismas características de los chicos de hace algunos años. Debemos cambiar al mismo ritmo y tratar de dejar una huella positiva en ellos.
Lo primero que quiero comentar es que nunca me imaginé impartiendo clases. La ilusión que uno tiene cuando termina su licenciatura de ingeniería es entrar a trabajar a una industria donde pueda uno aplicar lo que aprendió en la escuela e ir adquiriendo experiencia y con el tiempo ir escalando puestos para tener cada vez mejores ingresos. Y cuando logra uno entrar a la industria, nos enfrentamos a un mundo totalmente diferente al que vivimos cuando estudiantes; pero nos gusta porque representa un verdadero reto -sobre todo para nosotras las mujeres-, enfrentarnos al manejo de personas, personas que generalmente son hombres a los que, generalmente hablando, no les parece que una mujer los “mande”; eso por un lado, y por el otro, lograr que nuestros jefes reconozcan el trabajo que realizamos y nos consideren para ascender en la organización y poder ocupar un puesto de mayor jerarquía, ¡cómo, si es una mujer!. Cabe mencionar que eso era muy común en mis tiempos, ahora las cosas son diferentes, pues ya es más común ver mujeres trabajando en todos ámbitos y ocupando puestos importantes.
Un buen día, me encontré en un centro comercial a una excompañera de trabajo, con quien conviví muy cercanamente durante algún tiempo, pero que nos habíamos dejado de frecuentar por diversos motivos, pues yo continué trabajando en la industria privada y ella entró a dar clases en el CBTis No. 118, donde ahora me encuentro. Así, platicando con ella le comente que me encontraba desempleada y fue entonces que –siendo ella jefa del depto. de servicios docentes- me propuso entrar a dar clases de química, ya que justo estaba buscando a alguien que pudiera cubrir esa asignatura por encontrarse incapacitada la maestra que la impartía. Como no tenía trabajo en ese memento, acepte.
Debo reconocer que al principio me resultó difícil encontrar la mera de exponer mis clases y de controlar al grupo, pues no es lo mismo tratar con obreros o empleados bajo mi cargo, que a estudiantes de este nivel de estudios, tan inquietos y que al darse cuenta que era yo nueva en estas andanzas de la docencia, querían pasarse de listos, en especial uno de los tres que me asignaron, que eran de la especialidad de mecánica; los más aguerridos por tradición de entre las seis especialidades que se ofertan en el plantel.
Resultó ser una experiencia tan diferente y hasta cierto punto difícil, porque sin conocer a nadie,- más que a mi amiga que siempre se encontraba muy ocupada y casi no veía-, sentí como si me hubieran mandado al matadero para ver si la libraba, pues sólo me habían proporcionado mi horario y el programa de las materias de química I y III.
Poco a poco me fui incorporando al grupo de maestras de la academia de química, quienes me proporcionaron orientación sobre bibliografía en la que me podía apoyar para abordar los contenidos temáticos de estas asignaturas.
Los primeros años de mi práctica docente fui un poco exigente con mis alumnos a quien traía a un ritmo algo acelerado, debido a que los programas eran muy extensos y me gustaba verlos a fondo y cubrirlos al 100%. Pero tengo la certeza de que la mayoría de esos chicos salieron del CBTis muy bien preparados en química, listos para ingresar a las instituciones de nivel superior elegidas sin la mayor dificultad; proporcionándome esto una gran satisfacción y orgullo.
Cabe mencionar que a ese primer grupo de mecánica que atendí en primer semestre, posteriormente le impartí la materia de física III en quinto semestre, y muchos de ellos al finalizar de curso se me acercaron y me dijeron que había sido yo su mejor maestra de física, siendo que les habían dado Física I y II dos de los mejores y más experimentados maestros del plantel en esta asignatura, lo cual fue extremadamente satisfactorio y significativo para mi, motivándome a continuar realizando mi labor docente cada día mejor. Es por ello que, conciente de la falta de formación didáctico-pedagógica requerida para desarrollar verdaderamente el trabajo docente, tome la decisión de realizar la maestría en enseñanza de las ciencias que en ese entonces se ofreció para los docentes de la DGETI en el CIIDET, buscando adquirir más conocimientos y herramientas para atender mejor a mis grupos y lograr mejores resultados académicos.
Aún así, se que me falta mucho por aprender y mejorar en mi práctica docente, sobre todo en lo que se refiere a la estructuración de los conocimientos para facilitar actividades de aprendizaje significativo, que los ubiquen en contextos disciplinares, curriculares y sociales diversos de manera efectiva, creativa e innovadora. Y esto es precisamente lo que espero me proporcione este curso de especialización en Competencias docentes para la Educación Media Superior.
Trato de ser muy profesional en mi trabajo y de establecer con los alumnos un ambiente de respeto. Mi mayor satisfacción es que los alumnos aprendan; y me causa mucha tristeza ver la gran apatía que muestran ahora los chicos hacia su preparación académica, pareciera que no les interesa. Pero mucho depende de nosotros como docentes, producir ése cambio de actitud en ellos, que los lleve a tener éxito en lo que emprendan más adelante en sus vidas.
Debemos tomar conciencia que necesitamos cambiar la manera de realizar nuestra práctica docente, porque éstos chicos de ahora no presentan las mismas características de los chicos de hace algunos años. Debemos cambiar al mismo ritmo y tratar de dejar una huella positiva en ellos.

Estimada Ade:
ResponderEliminarQuisiera referirme a tus comentarios sobre las dificultades o dudas que tienes para lograr el aprendizaje significativo en tus alumnos de materias tan abstractas como la Física. Sin embargo, por lo que comentas, muchos alumnos tuyos te han manifestado que has sido su mejor maestra en dicha materia. Por ello, antes que nada te felicito, y te felicito también porque no has detenido tu camino por adquirir las destrezas pedagógicas que muchos otros maestros, creen, y sólo creen, tener. Estoy cierta que después de lograr tu grado de Maestría, aunado a esta Especialidad, vas a resultar una de las mejores maestras del estado de Querétaro de Física o Química, en educación media superior. Con un sincero saludo y mis respetos. Sandra Villaseñor.